Entre Ríos en siete preguntas · Etapa 2 de 7
21 de octubre
¿Cuánto cuesta un buen vino de bodega chica y por qué cuesta más que uno de supermercado?

Por Mara Dern · 3 min de lectura

La vinoteca de Colón quedaba en una esquina de la calle principal, entre una heladería y una casa de pesca. Tenía estantes de madera, un ventilador de techo que giraba sin convicción y un dueño que leía el diario con los anteojos en la punta de la nariz.
Yo agarré dos botellas, una en cada mano. Una costaba seis mil pesos. La otra, diecisiete mil.
—Explicame esto —le dije a Sebas—. Y no me digas «depende».
—Depende —dijo, y el dueño de la vinoteca se rio detrás del diario.
La respuesta corta
Hoy, en una tienda como rutadebarricas, un buen vino de bodega chica anda entre 12.000 y 25.000 pesos. Cuesta más que uno de supermercado por la escala, el lugar donde se hace y el trabajo que lleva, no por la etiqueta. ¿Vale la pena? Para todos los días, no siempre. Para conocer algo distinto, casi siempre.
Los números, sin esconder nada
Voy a hacer lo que casi nadie hace en el mundo del vino: hablar de plata con números reales.
En rutadebarricas, la tienda de nuestros amigos, hoy hay vinos desde 6.000 pesos, como un Malbec de entrada de Mendoza, hasta 45.000 pesos, como un Cabernet Franc de alta gama. Los vinos de Entre Ríos de la línea Palo a Pique cuestan 17.000 pesos los varietales y 22.000 los cortes. No son los más caros de la tienda, pero tampoco los más baratos. Y la pregunta es justa: ¿por qué?
Sebas lo explicó contando con los dedos, como quien enumera los ingredientes de un guiso.
—Uno: escala. Una bodega grande hace millones de botellas y reparte sus costos entre todas. La bodega de Palo a Pique hace unas tres mil botellas por año de su corte. El tractor, el enólogo, la luz y la etiqueta se pagan igual, pero divididos por muchas menos botellas.
—Dos: el lugar. Ya te conté de la humedad. Hacer vino en Entre Ríos cuesta más trabajo en el viñedo que en el desierto mendocino.
—Tres: los impuestos. Según un estudio que encargó Bodegas de Argentina, cerca del 42% de lo que pagás por una botella son impuestos acumulados en toda la cadena, desde que se planta la vid hasta que la comprás. Eso vale para el barato y para el caro.
—Cuatro: la crianza. Si el vino pasó por barrica, el precio sube. Pero eso es otra pregunta, y te la contesto otro día.
Cuando salíamos, el dueño de la vinoteca bajó el diario y dijo algo que anoté en una servilleta:
—El vino barato te lo tomás. El vino caro te lo acordás.
Sebas no estuvo de acuerdo del todo. Yo sí.
Entonces, ¿vale lo que cuesta?
Volvimos a la hostería con una sola botella, la de diecisiete mil: un Cabernet Franc de Entre Ríos. Lo abrimos en la galería, frente al río, con un plato de quesos de la zona que compramos en el almacén de enfrente.
Tenía color rubí, aroma a pimiento asado y frutos rojos, y una frescura balsámica que me hizo pensar en la sombra de un árbol. No era espectacular. Era honesto, rico y distinto a todo lo que había en la góndola del súper.
—Ahora la pregunta difícil —dije—. ¿Uno de seis mil es peor?
—No necesariamente. Hay vinos de seis mil muy bien hechos, sobre todo de bodegas grandes que saben trabajar en escala. Si tomás vino todos los días con la comida y no te importa de dónde viene, quizás no tenga sentido pagar más. Lo digo en serio.
—¿Y cuándo sí?
—Cuando querés algo que no se consigue en cualquier lado. Cuando te importa saber quién lo hizo. Cuando es para una ocasión, para regalar, o para tomar despacio con alguien.
Me miró al decir lo último. Yo miré el vino.
Todavía me acuerdo de ese Cabernet Franc.